Polvo y espanto, de Abelardo Arias.

A este libro lo leí en mi adolescencia y se quedó para siempre en mi memoria. El escritor cordobés Abelardo Arias cuenta en Polvo y espanto la terrible historia que enfrenta a Juan Felipe Ibarra y a doña Agustina Palacios de Libarona, conocida por todos como “La heroína de El Bracho”.


 

El libro es una novela histórica que se centra en las penurias que tuvo que vivir doña Agustina cuando su marido, el capitán José María Libarona, fue condenado al destierro por el caudillo Juan Felipe Ibarra. En septiembre de 1840 un grupo de oficiales y vecinos de alta alcurnia que adherían a la causa unitaria se conjuraron para derrocar al caudillo santiagueño, que llevaba ya por entonces veinte años en el poder. La revuelta tuvo efímero éxito, ya que, pese a lograr que Ibarra huyera a caballo y fuera reemplazado momentáneamente, no pudieron impedir que el gobernador reorganizara sus montoneras en Pitambalá y retomara a los pocos días el poder. 

Agustina Palacios de Libarona

 

Las represalias fueron brutales, extremadamente sanguinarias. Se castigó a pena de muerte a los cabecillas, pero antes de ejecutarlos se los torturó durante días. Algunos, los que tuvieron más suerte, fueron fusilados, otros fueron ejecutados mediante el “enchalecamiento”. Este suplicio consistía en lo siguiente: se extendía un cuero vacuno recién obtenido y se hacía sentar en el medio al condenado. Luego se cosía el cuero cubriendo el cuerpo del condenado, pero dejando su cabeza por afuera. Inmovilizado de esta manera el reo era expuesto al sol calcinante de Santiago, y allí padecía horrores mientras el cuero se iba secando y lo oprimía hasta asfixiarlo. A otros conjurados los colocaban en cuclillas dentro de los cueros a los que cosían como a una pelota, con todo el cuerpo del condenado dentro, en posición fetal. Luego un jinete ataba la bola de cuero a una cuerda y salía al galope en su cabalgadura dando vueltas por las calles de la plaza Libertad, mientras el prisionero rebotaba contra el suelo una y otra vez hasta quedar reducido a una masa sanguinolenta.

Juan Felipe Ibarra

 

José Libarona y el juez Pedro Únzaga fueron condenados a destierro. Custodiados por una escolta fiera y enardecida fueron conducidos hasta El Bracho. Allí los dejaron librados a su suerte en medio del monte santiagueño, para que murieran de locura o comidos por las bestias salvajes o víctimas de las flechas de los indios. Doña Agustina, cuyo padre había sido brevemente gobernador de Santiago, tuvo que rogar varios días que el caudillo Ibarra la autorizara a trasladarse a El Bracho, a cuidar a su esposo, hasta que finalmente obtuvo la venia. El libro relata estas desventuras de Agustina y el destino trágico de los desterrados.

Polvo y espanto es poco conocida por la mayoría de los santiagueños, pero creo que su lectura no puede dejarnos indiferentes. El libro se divide en dos partes, un Cuaderno unitario, y un Cuaderno federal, en los que el autor expone las posturas de los dos bandos en disputa. De esta manera Ibarra queda dibujado con sus luces y sombras. En este día que celebramos nuestra autonomía provincial, cuando pienso en la emblemática figura de Juan Felipe Ibarra, recuerdo también a Agustina Palacios y al heroísmo del que solamente una mujer es capaz.   

Abelardo Arias

  

Comentarios

  1. Es un libro excelente que tuve la fortuna de leer porque pertenece a nuestra biblioteca. Un día como hoy me parece adecuado comentar lo que contienen sus páginas ya que al rememorar nuestra autonomía provincial resulta importante dar a conocer aunque sea una mirada de las acciones del caudillo Juan F Ibarra, personaje amado por unos y odiado por otros. Tan héroe como tan villano. Queda a criterio de los lectores ya su propia conclusión. Gracias por tu valioso aporte y por darle a las personas la posibilidad de conocer a través de tus líneas nuestra historia y por enriquecernos cada día con tu blog.

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    1. Así es amor, muy lindo libro, bastante equilibrado en su abordaje. Comparto el juicio que haces sobre Ibarra, que como todo ser humano tuvo sus costados flacos y también sus grandes logros. Es una figura muy interesante para estudiar.

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  2. Es verdad lo que dices amigo . Este libro es poco conocido por nuestros comprovincianos . Al menos en la diplomatura en quichua de la UNSE
    está incluida como libro de lectura y es una satisfacción enorme

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    1. A pesar de ser una novela, me parece que es muy instructiva para entender esa parte de nuestra historia.

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  3. Los tucumanos nunca se resignaron a perder el poder que ejercían sobre Santiago, las clases dirigentes , políticas acomodadas de nuestra capital (en realidad no eran muchos) estaban alineadas ideológicamente con el unitarismo tucumano . Su mayor rival: Juan Felipe Ibarra que defendió casi por 30 años las arremetidas de nuestros vecinos

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  4. De todo eso nace una de historia que muchos llamaron o catalogaron de amor , perseverancia, de compromiso humano de una mujer hacía un hombre, en este caso , su esposo que cada vez que Ibarra ordenaba un traslado de Libarona más al interior de monte santiagueño Agustina iba por detrás a continuar con sus asistencia. Era una condena a muerte , pero lenta y dolorosa

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    1. Todo un testimonio de su época, de cómo se vivía y cómo eran los roles familiares en esas sociedades de entonces

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  5. Juan Felipe nunca iba a perdonar a los usurpadores del poder , potenciado por el asesinato de su hermano Franciso ocurrido en un emplazamiento militar Donde hoy se encuentra el Parque Oeste . Esas escenas que cuentas sobre los métodos de tortura que ordenaba Ibarra con los adversarios son terribles , otra que recuerdo era que al detenido le hacían cavar un fosa , lo introducian ahí parado, lo tapaban con tierra hasta su cuello para luego arrojarle miel en su cabeza y era cuestión de minutos para quen insectos, en especial hormigas ,se posaran en el condenado

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    1. Terrible! Métodos muy salvajes que esos tiempos no eran tan mal vistos, o que se los consideraba como males menores o hasta justos castigos. Don Domingo Bravo cuenta la muerte de Francisco Ibarra en ese asalto al cuartel, pero no sabía yo que el emplazamiento era en el Parque Oeste. Se dice también que había una quinta en lo que hoy es el Colegio de las Hermanas Franciscanas, y que ahí se llevaban a cabo las torturas. Creo que es Alen Lascano o algún otro historiador que cuenta testimonios de personas que todavía dice que de noche se escuchan los gritos de los torturados, de vez en cuando...

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  6. Es indiscutible la preeminencia de Ibarra en la historia de nuestra provincia, luego de su muerte y hasta la década de 1930 fue prácticamente ignorado , sin embargo su fuerte figura emergió desde el pasado para imponerse más allá de sus errores

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