Diálogos y Relatos verídicos, de Luciano de Samosata.

“Al igual que los atletas y quienes tratan de mantenerse en forma no sólo cuidan de su estado físico y entrenamiento, sino también de su oportuna relajación –por entender que es la parte principal de su preparación-, asimismo interesa a los intelectuales, a mi parecer, tras una prolongada lectura de los autores más serios, relajar su mente y hacerla más vigorosa para su esfuerzo futuro.” Así comienza Luciano de Samosata su libro titulado Relatos verídicos, el que ofrece, sin lugar a dudas, esa oportuna relajación recomendada por el autor. 


 

Luciano nació en Samosata, que por aquel entonces pertenecía a Siria, y cuyas ruinas actualmente están en Turquía. Vivió entre el 125 y el 181, y se destacó como uno de los más prolíficos y exitosos escritores de la llamada segunda sofística. Luciano aprendió el griego en dialecto ático, que era el dialecto de los grandes oradores, filósofos, dramaturgos y comediantes de la Grecia clásica. En ese idioma escribió sus obras, que son más de 80 en total, aunque de algunas pocas se duda todavía de su autenticidad. Luciano, pese a lo que pudiera esperarse, emplea sus conocimientos y dotes intelectuales no para imitar a los grandes genios griegos, sino para parodiarlos. Luciano es, tal vez, el más grande satírico de la Antigüedad tardía. Todas sus obras buscan caricaturizar y burlarse de los clásicos como Homero, Platón, Sófocles o Herodoto; y lo hace con un humor fino y lacerante.

Luciano de Samosata

 

En esta publicación que comento se reúnen 5 obras de Luciano, Diálogos de los muertos, Diálogos de los marinos, Diálogos de los dioses, Diálogos de las hetairas, y Relatos verídicos. Los críticos sostienen que en las 4 primeras obras Luciano quiere hacer una crítica total y universal, mediante una sátira del cielo (Diálogos de los dioses), de la tierra (Diálogos de las hetairas), del mar (Diálogos de los marinos), y del inframundo (Diálogos de los muertos). Allí aparece el escepticismo y el pesimismo del autor en su máxima expresión, conjugados con un cinismo provocador.

Los Diálogos tiene la intención de entretener al lector con situaciones humorísticas que dejan en ridículo tanto a hombres como a dioses, dando rienda suelta a la impiedad de Luciano y a su misantropía. Pero en todos ellos hay, además, una cierta intención moralizante que se deja adivinar entre líneas. Lo que quiere Luciano, según él mismo lo reconoce en la obra Dos veces acusado, es despojar al diálogo de la solemnidad que había adquirido en las escuelas filosóficas, y traerlo al llano de lo popular, matizado con lo cómico.     


 

  Relatos verídicos es una obra de viajes y aventuras fantásticas, casi diríamos de ciencia ficción. Allí Luciano nos cuenta que un día inició una navegación desde las Columnas de Heracles hacia el mar Océano (es decir, el Atlántico), y que luego fueron arrastrados en su nave por un tifón que los llevó por los aires hasta la Luna. En la Luna se encuentran con los selenitas y continúan así las aventuras locas y disparatadas en otros lugares del cosmos. Luciano se entretiene en la descripción de seres fabulosos y sus costumbres fantásticas, hasta que finalmente logran regresar a la Tierra. Los viajantes llegan a un desconocido continente que el autor nos dice que describirá en otro libro, pero que nunca más escribió.


 

Relatos verídicos toma como antecedentes a los viajes de Odiseo, a la epopeya de los argonautas y a algunas tempranas versiones orales de lo que luego serían las aventuras de Simbad el marino. También sirvió esta obra como inspiración para Historia cómica de los Estados e imperios de la luna, de Cyrano de Bergerac, y Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, por ejemplo. Por lo tanto, si se desea relajar la mente y al mismo tiempo disfrutar de una buena pluma, erudita y punzante, la invitación a leer las obras de Luciano está entre las mejores opciones.    

Comentarios

Entradas populares de este blog

Enfermedades y trastornos en la vida conyugal, del Dr. Vander

El único argumento posible para demostrar la existencia de Dios, de Immanuel Kant

Malleus Maleficarum, de Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger.