El libro de las mil noches y una noche, versión de Mardrus, traducida por Vicente Blasco Ibáñez.

Las numerosísimas historias que pueblan estos dos volúmenes de Las mil noches y una noche tienen un origen tan remoto que casi se pierde en la noche de los tiempos. Si bien es cierto que la primera recopilación de historias se habría producido en Persia en el siglo X, sin embargo, en esa obra se reunieron relatos que ya venían transmitiéndose oralmente de generación en generación desde la India, Persia y los pueblos árabes, hacía siglos atrás.


 

A principios del siglo XVIII la compilación de relatos, llamada en árabe Alf layla wa-layla, se tradujo por primera vez por obra del orientalista francés Antoine Galland, gracias a quien se difundió rápidamente por Europa. Luego Richard Francis Burton tradujo al inglés, en 16 volúmenes, los relatos de Alf layla wa-layla, agregando muchas historias que Galland había dejado fuera. Además, Burton dotó a la obra de un erotismo inusitado para la época. Finalmente, en 1903 el egipcio Joseph Charles Mardrus tradujo la obra, también en 16 volúmenes, directamente del árabe al francés bajo el nombre de Le Livre des mille nuits et une nuit. Este libro fue traducido al español por Vicente Blasco Ibáñez, y es con el que cuento, publicado en 1978 por la editorial Círculo de lectores, en Barcelona. Esta edición además de ser una de las más completas, no aplica para nada la censura que caracteriza a otras ediciones, y por eso el erotismo se muestra en todo su esplendor tanto en el texto como en las copiosas ilustraciones que los acompañan.


 

Así como las muñecas rusas llamadas matrioshkas o mamushkas contienen dentro de una más grande a otra más pequeñas, así también sucede en el caso de Las mil noches y una noche. Es esta una obra escrita con la técnica del relato enmarcado, lo que quiere decir que una historia está contenida en otra, o que un relato sirve de marco para otro al que contiene dentro de sí. Este estilo narrativo que se asemeja a las matrioshkas hace casi imposible saber a ciencia cierta cuántas historias componen la obra, pero sin ninguna duda son numerosísimas. Por otro lado, la edición de Mardrus tiene la virtud de que en ella se incluyen muchas historias que Galland había dejado fuera, y que hoy por hoy son de las más conocidas, como la de Simbad el marino, la de Aladino, o la de Alí Babá y los cuarenta ladrones.     


 

Como ya sabemos, la historia que sirve de marco general a todas las demás es la del rey Schahriar y la bella Scheherezade, quien con gran astucia intenta sobrevivir a las intenciones homicidas del rey. Schahriar había sido traicionado por su esposa, y ya no confiaba en ninguna mujer, por eso decidió cada noche arrebatar la virginidad de una muchacha y decapitarla al amanecer. Procedió así hasta que en su reino ya no quedaban casi mujeres, por lo que su visir se vio obligado a llevarle a su propia hija. Sin embargo, Scheherezade pergeña una estrategia para mantenerse con vida, y luego de pasar la noche con el rey le comienza a contar una historia hasta que despunta el amanecer. El modo de relatar de la joven es tan cautivante y las historias resultan tan atrapantes, que el rey decide cada amanecer aplazar la ejecución una noche más, con tal de conocer el final del cuento. Así transcurren mil y una noches en las que Scheherezade narra con magistral pericia miles de historias llenas de fantasía, hasta el desenlace que no revelaré aquí.


 

Por las páginas de Las mil noches y una noche transcurren inverosímiles leyendas, cuentos picarescos, historias variadas, relatos heroicos y colmados de sabiduría. En los cuadros que nos pinta Scheherezade se muestra con brillante claridad lo más característico del alma de los pueblos de Oriente. El valor y la astucia proverbiales, el ineluctable destino, la imaginación y la sensualidad exacerbadas, el mezquino desierto y el pródigo oasis, la arriesgada aventura, el mar peligroso y preñado de misterios, las fabulosas ciudades, los ornados palacios, el bullicioso mercado, las solemnes mezquitas, las sacrificadas caravanas, las humanas vidas de los héroes, las vicisitudes de las hermosas mujeres, los caprichos de los altivos reyes, los ávidos mercaderes, el encanto y el terror de los seres mágicos, el embrujo de lejanas tierras, el omnipresente amor y el festivo sexo … todo está ahí, desplegado en esas inacabables páginas.


 

 

    Si se quieren mayores motivos para leer estas historias, escuchemos al propio Mardrus, quien nos lanza una invitación irresistible: “Yo ofrezco desnudas, vírgenes, intactas y sencillas, para mis delicias y el placer de mis amigos, estas noches árabes vividas, soñadas y traducidas sobre su tierra natal y sobre el agua. (…) Yo os prometo, sin miedo de mentir, que el telón va a levantarse sobre la más asombrosa, la más complicada y la más espléndida visión que haya alumbrado jamás sobre la nieve del papel el frágil útil del cuentista.”

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