Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes, de Thomas De Quincey.
La lectura de este libro no es fácil de llevar, y no es porque De Quincey tuviera una mala prosa, todo lo contrario, su prosa es exquisita y erudita; no en vano es uno de los autores favoritos de Jorge Luis Borges. Lo difícil está en el tema que se aborda con tanta liviandad y sorna.
Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes es un libro escrito entre 1827 y 1829, y que cuenta demás con un Post Scriptum de 1854 en el que el autor se defiende las acusaciones que se le hicieran por haber ido demasiado lejos en la extravagancia de su texto. De Quincey no es un Marqués de Sade, no es un tampoco un lunático ni un sádico o cruel asesino, es un escritor prolífico, cuya obra completa abarca más de 16 tomos. De entre los más conocidos podemos citar a Confesiones de un inglés comedor de opio, y Los últimos días de Immanuel Kant. Justamente, De Quincey había adquirido una adicción al opio desde que lo consumió para calmar un dolor de muelas. Por otra parte, era un gran lector y admirador de Kant y de la filosofía en general.
En este libro, que nunca sabremos cuánto de ficción y cuánto de realidad tiene, De Quincey nos cuenta que en Londres (del siglo XIX) existe una sociedad secreta, cuyos “miembros se declaran curiosos de todo lo relativo al homicidio”. Los miembros de esta sociedad llamada “Sociedad de Conocedores del Asesinato”, se reúnen cada vez que se hace pública la ejecución de un asesinato, para analizarlo en detalle. De Quincey nos dice que al asesinato se lo puede analizar desde un punto de vista ético, cuando aún no se ha cometido, o mientras se está cometiendo y que, en tal caso, debe ser rechazado como una acción mala. Pero también se puede analizar al asesinato luego de haberse cometido el mismo (obviamente cuando ya nada puede hacerse para evitarlo), y esta vez el análisis se haría desde un punto de vista estético.
Frente al hecho consumado, los miembros de esta rara sociedad se reúnen para hacer una crítica sobre la ejecución del hecho, cual si se tratara de una pieza musical o una pintura. En el libro De Quincey analiza algunos casos históricos como el de Caín y Abel, el de los hashshashín o “Secta de los Asesinos” creada por Hasan i Sabbah Tovar, el asesinato de algunos miembros de la realeza europea, y los homicidios de varios filósofos. Sobre estos últimos llega a decirnos el autor que “en los dos últimos siglos todos los grandes filósofos fueron asesinados o estuvieron a punto de serlo. Por eso, podemos afirmar que si un hombre se llama a sí mismo filósofo y no se ha atentado contra su vida, ese hombre no vale nada.”
Esta primera parte de la obra es, en mucho, lo mejor del libro. Luego viene un segundo artículo en el que se describen los asesinatos de dos familias cometidos en esa época, los Marr y los Williamson; y en el Post Scriptum se ahonda en los detalles sobre estos crímenes, a la vez que el autor defiende su libro de las acusaciones de las que fue objeto.
El solo hecho de que exista una sociedad tal como la que nos presenta De Quincey nos resulta chocante. No me cabe la idea de un grupo de personas que se reunieran a analizar el asesinato de un ser humano como si se tratase de la ejecución de una obra de arte. Pero que me resulte repugnante no quiere decir que eso no ocurra en la realidad; de hecho, la televisión e internet de alguna manera han hecho realidad la existencia de esa sociedad secreta, ahora ampliada y dispersa por el mundo entero. Es un tema muy complejo, muy difícil de analizar y entender cómo y porqué las personas se obsesionan tan fácilmente con los asesinatos, queriendo conocer los detalles y pormenores, aún aquellos que resultan más escabrosos. Muchos incluso llegan a tomar a los asesinos por ídolos o celebridades, y sin duda alguna formarían parte con todo gusto de una sociedad como la descripta por De Quincey.
En fin, el libro es una curiosidad tanto para la época en la que fue escrito como para estos tiempos que corren. Las obras de De Quincey, como después las de Borges, entremezclan la ficción y la realidad, sin demarcaciones precisas, de manera tal que el lector debe trazar las fronteras entre un mundo y otro. Esto nos permite leer el Del asesinato… pensando que se trata más bien de una ácida crítica social que nos ofrece el autor para hacernos reflexionar, para sacudirnos de la comodidad de lo cotidiano, y mostrarnos una cara cruel y grotesca de la humanidad.


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