Historia del Diablo, de Robert Muchembled
El autor es un historiador francés, profesor de la Universidad de París, especialista en historia moderna, y que se ha interesado principalmente por temas sobre brujería y sexualidad. Este libro, a lo largo de sus 7 capítulos, relata la historia del Diablo desde el siglo XII hasta el siglo XX.
Los 3 primeros capítulos son necesarios para introducirnos en tema, pero creo que son los menos interesantes del libro. Allí Muchembled relata cómo se fue configurando la imagen del Diablo en Occidente, desde los Padres de la Iglesia en adelante, hasta llegar a convertirse en una figura de talla gigantesca durante la Edad Media. A partir del capítulo 4 en adelante encontramos lo mejor del libro, pues allí comienza el autor a desarrollar su tesis más original y llamativa. Muchembled sostiene que la figura del Diablo, a partir del siglo XVII, comenzará una a sufrir una especie de metamorfosis, que culminará en el siglo XX con el Diablo convertido en una verdadera celebrity hollywoodense.

Película The Devil's Advocate (El abogado del Diablo) - 1997
El historiador francés afirma que entre fines del siglo XVI y principios del XVII se produjo un boom literario en el que Satanás ocupa el papel protagónico. Es la “Edad de oro” de los libros del Diablo, dice Muchembled, haciendo referencia a la inmensa cantidad de títulos que se publicaron en Europa en esa época, y que trataban sobre aspectos diversos relacionados a Satán. A partir de las páginas de esa profusa literatura es posible reconstruir la metamorfosis que nos lleva de un Diablo infernal, como figura teológica que simboliza el mal en el mundo, hasta un demonio mefistofélico más humano o terreno. Esta transformación fue posible gracias a la literatura barroca y romántica que presentaba a Lucifer, lejos de las discusiones doctrinales, como un seductor capaz de ser, a su vez, seducido.
El libro nos cuenta que en 1897 se publica Drácula, de Bram Stoker, una novela gótica que ilustra muy bien la nueva imagen del maligno como un romántico seductor, en cuyo universo los límites entre el mundo humano y el diabólico se van difuminando. En 1922 se estrena Nosferatu, y el cine de terror explota en Estados Unidos con actores de la talla de Béla Lugosi y Boris Karloff. La década del ´30 será la época dorada de las películas de terror, a las que se irán sumando otras expresiones culturales como las novelas y los cómics, en donde el Diablo será el protagonista indiscutido. Esta explosión del género del terror provocará efectos disímiles. Por un lado, surgirán cultos satánicos como el de Aleister Crowley, la Wicca de Gerald Gardner, o la secta criminal de Cahrles Manson; y, por otro lado, la cultura pop verá multiplicar las expresiones artísticas que toman a la figura del Diablo como central.

Comic The son of Satan - Marvel - 1973
En 1973 se estrena The Exorcist, a la que, solamente en Estados Unidos, acuden a verla más de 30 millones de espectadores. A fines de los ´60 y principios de los ´70 comienzan a sonar las bandas de hard rock y luego, sobre todo a partir de los ´80, las de heavy metal, death metal y black metal. Las generaciones de los ´80 y ´90 “Bombardeados por los mensajes subliminales del comic, del cine, de la televisión y de las modas que pregonan la libertad, el placer del individuo y la felicidad inmediata, han asimilado de una manera más distante los viejos conceptos diabólicos”, dice el autor, ya que estos conceptos sobre el mal son presentados ahora como “imágenes productoras de emociones a menudo agradables.”

Película Bedazzled (Al Diablo con el Diablo) - 2000
El libro cierra con un Apéndice en el que se citan cerca de 230 películas sobre el género de terror, como para tener una idea aproximada de las dimensiones que alcanzó la industria del séptimo arte entre 1896 y 1999.
La moraleja del libro (si es que debe haber alguna) es que, lejos de quedar anclado a un pasado oscuro entre los claustros monacales, la figura del Diablo sigue estando muy presente en nuestras sociedades posmodernas. Hoy más que nunca la cultura de masas se ha apropiado de la imagen del Diablo y la ha convertido en un objeto de consumo entre otros miles. ¿Es esto una derrota o el gran triunfo de Satanás? Esta pregunta queda abierta para que cada uno pueda planteársela e intentar responderla.



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