El único argumento posible para demostrar la existencia de Dios, de Immanuel Kant

 

En 1781 Kant publicó su Crítica de la razón pura, provocando en el mundo académico e intelectual una revolución parangonable a la que Copérnico había iniciado en el ámbito de la ciencia. Las repercusiones de su escrito no tardaron en desbordar el claustro universitario y esparcirse por todas las capas de la sociedad europea. En Königsberg, en Prusia, en Europa y en todas sus colonias diseminadas por el mundo, retumbaba como eco el nombre de Kant y casi no se hablaba de otra cosa que de su filosofía. Una de las revolucionarias afirmaciones que hizo Kant en ese libro es que Dios no puede ser conocido, por lo que solamente podíamos creer en él.  

         En aquellos tiempos Kant tenía un sirviente llamado Martin Lampe, un veterano del ejército prusiano, ya retirado. Lampe sirvió a Kant durante 40 años, y en ese lapso cimentaron una relación de afecto, más allá de las diferencias sociales que existían entre ambos. Kant era de cuerpo frágil y mente brillante; Lampe, todo lo contrario, era un hombre robusto, alto, fortachón, pero de muy pocas luces. A pesar de las torpezas que Lampe cometía a diario, Kant lo apreciaba sinceramente, y su vida diaria no podía prescindir de los cuidados de su sirviente y amigo.

Kant y sus compañeros de mesa - Klose & Wollmerstaedt - 1892/3


 

         El poeta Heine, en su Sobre la historia de la religión y la filosofía en Alemania, cuenta que cuando Lampe se enteró que su patrón y amigo Kant había dicho que no se puede conocer a Dios, dejó caer su paraguas, estupefacto, en el mismo instante en que gruesas lágrimas de angustia se deslizaban por su rostro. “Esto logra enternecer a Kant –dice Heine- y demuestra que no solamente es un gran filósofo, sino también un hombre bueno; reflexiona y dice con aire entre bonachón y malicioso: «Es preciso que Lampe tenga un Dios, sin lo cual no puede ser feliz el pobre hombre»”. A partir de ese episodio Kant se habría dado a la tarea de escribir su Crítica de la razón práctica, y este otro libro que hoy recomiendo, El único argumento posible para demostrar la existencia de Dios


 

         Ya varias veces había dicho Kant en sus escritos que el conocimiento más importante del que debe ocuparse la filosofía es acerca de la existencia de Dios. También en este libro comienza afirmando esta preocupación, y luego analiza tres argumentos que la buscan demostrar, otorgando primacía a uno de ellos. Pero más allá del genuino interés de Kant por establecer si es posible o no conocer a Dios, me quedo con el relato de Heine. ¡No!, no indagues querido lector si la anécdota es verídica, o si la fuente es fidedigna; esas son minucias que nada te reportarán. Recuerda más bien lo dicho por Aristóteles en su Poética, “no es oficio del poeta contar las cosas como sucedieron, sino como deberían o podrían haber sucedido, probable o necesariamente.”

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